El componente afectivo: Este componente será el equilibrio que nos permitirá poder discernir hasta donde dejamos entrar un poco de lo espiritual y un poco de lo erótico en nuestro desarrollo humano-sexual.  Estos aportes se basan en la premisa de que todos los seres humanos somos SERES AFECTIVOS, eso significa que necesitamos del afecto y sin afecto morimos.

 

Los elementos que son esenciales al amor y afecto del desarrollo humano son los valores de verdad, respeto, fidelidad, libertad y a partir de mi experiencia terapéutica  he podido rescatar aspectos como el diálogo, la responsabilidad y el desarrollo de procesos de aceptación. 

 

Se mencionan dos tipos de experiencias en el desarrollo de este componente, como el poder tener un sentimiento de amor con uno mismo, con los demás y con Dios.  También se destaca el poder desarrollar un crecimiento afectivo que tiene que ver con la posibilidad de diferenciarnos, identificarnos, actualizarnos y desarrollar la autonomía afectiva.  Además se destacan aspectos como la afinidad afectiva, la amistad y la confianza.  

 

Este componente, como lo mencionamos al inicio, es el equilibrio en el desarrollo adecuado de los componentes eróticos y espirituales, es decir el componente espiritual necesitará de los elementos del erótico para su adecuado desarrollo y viceversa, pero será por medio de la afectividad como  logrará ver cuáles serán los elementos necesarios de acuerdo a la etapa del desarrollo en la que nos encontremos.

 

No es un secreto que muchas de las consultas en sexualidad giran más entorno al tema del manejo de la afectividad en la relación entre hombres y mujeres, así como en la estructuración de lo que se desea o no para la vida personal.  Como lo hemos podido observar, este manejo de la afectividad se manifiesta y comunica de manera diferente en hombres como en mujeres, básicamente por el efecto de los patrones culturales, es decir, lo que se nos ha dicho que debemos hacer y reaccionar por el simple hecho de ser hombres y mujeres, es decir adquirimos nuestro comportamiento en relación con los roles que se nos han inculcado. Y muy menudo limitamos nuestro comportamiento porque en nuestra casa se nos ha dicho una cosa u otra.

 

El componente afectivo es el eje medular de toda relación humana y del desarrollo sexual por supuesto, la forma en como se expresen nuestras emociones, así como la claridad que tengamos hacia la intensidad de estas emocionas, hará que esta fuerza de vida-creativa, que es la sexualidad, engendre frutos o no, de hecho para el componente erótico, poder lograr una máxima expresión del placer por medio de los orgasmos, y esto estará determinado por la clara conciencia de los sentimientos.    Esto significa que sin vínculo afectivo, probablemente mis relaciones sexuales genitales se limitaran a un acto mecánico y no lograran profundizar y hacerme crecer, pero no bastará solo con querer al otro, implica mucho mas que eso.

 

Cuando se mencionan los sentimientos, vale destacar que para los hombres y las mujeres estos van a tener formas diferentes de expresión.  Analicemos, por ejemplo, lo que menciona la Terapeuta Fina Sanz (1999) de España, en donde destaca que para que las mujeres puedan comunicar claramente sus sentimientos deben comenzar a desarrollar un mayor respeto por su palabra, la mujer por lo general, menciona la autora, va utilizar patrones  de comunicación utilizando su cuerpo y no tanto con su palabra.

 

Digámoslo de una manera simple, cuando las mujeres hablamos, por lo general se nos tacha de hablar demasiado, incluso se descalifica lo que hablamos.

 

Menciona que tanto el cuerpo como la palabra están dotados de un gran contenido emocional, así como a partir del silencio que tiene un gran trasfondo afectivo de rebeldía y enojo.

 

Uno de los problemas sociales a los que se enfrentan las mujeres tiene que ver con el valor y peso que se le da socialmente a la palabra de la mujer, lo que diga, tiene socialmente poco valor, se le rechaza o se le cataloga como que pierde mucha fuerza porque usa “muchas palabras o habla mucha paja”, como si las mujeres no merecieran ser escuchadas y esto afecta profundamente su autoestima  y la manifestación clara de su sexualidad que será por medio de palabras y palabras de afecto, de hecho la mujer, al no tener la posibilidad de poder comunicarse clara y abiertamente por medio de una palabra que le sea creíble, podrá llegar a utilizar su cuerpo como vehículo de sus emociones e incluso, de acuerdo a los aportes de esta autora, culturalmente se señala a la mujer de histérica, provocadora o degenerada.

 

Por el contrario el hombre ha sido educado para manifestar su afectividad por medio de la agresividad, la competitividad, el manejo y dominio del cuerpo de la mujer, llegando las mujeres a establecer una queja generalizada de que los hombres  manifiestan su afectividad en caricias que limitan  a los labios, pechos y genitales femeninos.

 

Josefina Sanz, establece además, que el hombre limita su expresión a los genitales, la dominación y la expresión hacia afuera, de hecho su palabra es palabra de poder, es la que se escucha, tenderá a utilizar más los conceptos abstractos, preferirá hablar de lo ajeno a los propios sentimientos y tendrá poco control de su cuerpo o de la expresión de su excitación.  Esto significa que por lo general nos guardamos la creencia que los hombres no pueden controlar su sexualidad, es simplemente porque desde pequeños no les hemos enseñado a controlar y conocer sus emociones, y pensamos que si es muy expresivo sexualmente, es decir, le gustan mucho las chicas y las busca y toca, por esa circunstancia es un chico terrible, muy macho, y lo único que está demostrando es la falta de autocontrol y respeto hacia el cuerpo femenino. A los hombres se les debe educar desde pequeños el autocontrol y la construcción del respeto, del diálogo, poder comunicar con claridad sus sentimientos.